Partida de Alejandro, segundo concierto
Debido a los problemas familiares que tenía Alejandro con su papá, se fue para Costa Rica a finales de 1991, a vivir con su mamá. Alejandro, además de llevar el rock en la sangre, era el que tenía una mejor noción de lo que estábamos tocando, era al que teníamos que seguir cuando nos perdíamos, etc.
Estábamos con todo el rigio del mundo, así que buscamos cómo hacer una segunda presentación, y la conseguimos para una kermesse del Colegio Centroamerica. No teníamos baterista, así que busqué la ayuda de Fabio Buitrago, baterista de Clave 90. Le entregué a Fabio una cinta donde estaban las canciones que pensábamos tocar (Metallica principalemente), y confiamos en su oído para que nos siguiera en nuestro veiniúnico tema propio: Paradise Hell.
Cuando presentaron al grupo para las actividades de la kermesse, Pancho Vigil nos presentó como los Nitrosos.
No pudimos practicar ni una vez con Fabio, craso error, pero igual confiábamos en su capacidad y la nuestra para acoplarnos.
Llegó el día, le pregunté a Fabio si había escuchado las canciones, me dijo que lo oyó una vez...
Al momento de subirnos a tocar, por supuesto que andábamos todos perdidos. Fabio por su lado, el resto por el nuestro... cuánta falta nos hacía Alejandro! Mejor aún, sólo teníamos a 5 chateles pegando brincos enfrente, y el Hermano Meabe al fondo tapándose los oídos.
Después de intentar tocar la segunda canción, nos dimos por vencidos.
Estábamos con todo el rigio del mundo, así que buscamos cómo hacer una segunda presentación, y la conseguimos para una kermesse del Colegio Centroamerica. No teníamos baterista, así que busqué la ayuda de Fabio Buitrago, baterista de Clave 90. Le entregué a Fabio una cinta donde estaban las canciones que pensábamos tocar (Metallica principalemente), y confiamos en su oído para que nos siguiera en nuestro veiniúnico tema propio: Paradise Hell.
Cuando presentaron al grupo para las actividades de la kermesse, Pancho Vigil nos presentó como los Nitrosos.
No pudimos practicar ni una vez con Fabio, craso error, pero igual confiábamos en su capacidad y la nuestra para acoplarnos.
Llegó el día, le pregunté a Fabio si había escuchado las canciones, me dijo que lo oyó una vez...
Al momento de subirnos a tocar, por supuesto que andábamos todos perdidos. Fabio por su lado, el resto por el nuestro... cuánta falta nos hacía Alejandro! Mejor aún, sólo teníamos a 5 chateles pegando brincos enfrente, y el Hermano Meabe al fondo tapándose los oídos.
Después de intentar tocar la segunda canción, nos dimos por vencidos.


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