Si bien disfrutaba de la música, nunca pensé seriamente en tocar hasta que conocí a Carlos Alexis. Hijo del cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy, él estuvo en contacto con la música y artistas toda su vida.
Mi familia goza de la música. Mi abuela era pianista profesional, mi padre fanático de la música clásica, y mi madre... con muy buena voz, pero nunca progresó en ningún instrumento. Con estos antecedentes, puedo decir que sí tuve una formación cercana a la música, aunque nunca tan inmersa como la de Carlos Alexis.
Rockeros ambos, con gustos muy similares en la música, escuchábamos cualquier grupo que cayera en nuestras manos, y comenzó la inquietud de formar un grupo.
Junto con nuestros amigos, rockeros todos, fuimos pasando a ser parte del mismo grupo de parias sociales, discutiendo y analizando distintos temas, en una época especial de la historia de Nicaragua, después de 30 años de guerras y un derrumbe económico y social gradual.
En este ambiente formamos el primer grupo juntos, Raza Oculta. El nombre fue acuñado por Manuel Gómez, bohemio insigne y otras cosas más, describiendo cómo los rockeros somos un grupo especial, moviéndonos en las sombras, observadores y actores a la vez.
Carlos Alexis conoció a Richard Loza, quien acababa de terminar su Servicio Militar, y quien tenía a disposición casi todo el equipo necesario para un grupo... aunque de pésima calidad.
Los equipos de Richard eran del ejército, quienes se los prestaron con la condición que participara en sus eventos, cosa que jamás ocurrió, entre que no duramos lo suficiente y los equipos tampoco.
Aclaro, los equipos eran de fabricación soviética y con una calidad de manufactura muy pobre. Qué puedo decir? Los amplificadores eran de 22ov y sonaban menos que mi loncherita de 10 Watt, la guitarra y bajo no usaban el plug standard mono de 1/4" sino más bien una entrada DIN de 4 pines, los soportes de la batería estaban hechos de un hierro de muy baja calidad, los platos de bronce maleable, los pergaminos de los tambores de plástico tostado... creo que se pueden hacer a la idea.
Richard es un excelente intérprete de música de la Nueva Trova Cubana, y siempre se presentó como solista en cada evento que tenía oportunidad. Tenía toda una antología de temas, un block donde cada canción tenía el nombre de una mujer a quien amó o quiso amar.
Yo recién había heredado una guitarra eléctrica Guya Tone, perteneciente a mi tío Jaime, quien abandonó Nicaragua en 1983 y la dejó guardada en Diriamba donde su suegro. También había conseguido comprar un amplificador Peavey Bandit 65 (aún lo tengo), y recién descubría la existencia de los pedales. Mis padres, con un gran sacrificio, me compraron un Overdrive Yamaha, cables y cuerdas.
No sabía tocar nada en una eléctrica, había recibido clases de guitarra popular y algo de guitarra clásica por parte de Rodolfo Sánchez, un vecino argentino que daba clases a domicilio.
Buscando gente con quién tocar, Carlos Alexis contactó a Mario Guillén y Eloy Canifrú, ambos ex-integrantes de Simetra, uno de los primeros intentos de grupo de rock de los 80 en Nicaragua. Mario fue guitarrista de Simetra, y entró al bajo. Eloy fue y siguió siendo el baterista.
Alejandro Mejía, primo hermano de Carlos Alexis y ex-vocalista de Simetra, entró a cantar junto con Carlos Alexis. Inicialmente, teníamos la idea que Carlos Alexis tocara el teclado, pero el teclado ruso que consiguió Richard jamás lo logramos hacer funcionar, y él tampoco se sentía a gusto con el instrumento.
Refugiado del grupo Crisis de Alex Bolaños, entró también Larry Mulligan a la guitarra.
Ya éramos 3 guitarristas: Uno de ellos con excelente habilidad en la acústica, y dos neófitos en todo.
Comenzamos a practicar donde podíamos, donde nos aguantaran, y sin tener la menor habilidad para tocar. Podríamos decir que nos corrieron de todas y cada una de nuestras casas, hasta que terminamos practicando en el taller de metales del padre de Mario. Ahí practicamos hasta la disolución del grupo.
En ese tiempo, comenzamos a montar temas de Angeles del Infierno, Distorsión, y cualquier idea loca que se nos viniera a la cabeza.
La constante frustración del mal funcionamiento de los equipos, la eterna falta de dinero y transporte, y las diferencias sobre qué material tocar comenzaron a hacer mella en el grupo. Nunca había plata para reparar un equipo, transporte para ir a practicar con los equipos, en el taller nos dañaron más aún los equipos, etc.
Para practicar nos subíamos en los buses o nos íbamos "al raid" desde nuestras casas hasta el taller, ubicado en Monseñor Lezcano. Puedo decir que entonces Managua era más segura y nunca sufrimos intentos de asalto, afortunadamente.
En este tiempo comenzó mi experiencia real dentro de un grupo, y a formarme una idea de lo que debería ser y de lo que éramos en realidad. Un grupo debe orientarse a un mismo objetivo, pero teníamos intereses tan encontrados en el grupo, que comenzaron las habladurías detrás de cada uno, sospechas y paranoias, malestares, discusiones, etc.
Problemas como daños a los equipos de los que nadie se hacía responsable, frustraciones por la falta de habilidad de algunos de nosotros, intereses sobre figureo incluso. Todo esto provocó un desgaste en los ánimos.
Después de algunos cansados meses, Richard llegó con la invitación a participar en un concierto a beneficio de unos refugiados salvadoreños en la iglesia de Monseñor Lezcano.
Al evento llegamos tarde, se suponía que iba a comenzar a las 6, pero eran las 7.30 y no había comenzado. Comenzamos a bajar los equipos y un grupo de jóvenes encendieron una grabadora y empezaron a bailar Break Dance en el improvisado escenario.
Richard nos dice "Después de ellos, vamos nosotros!"
Después de dos canciones, los bailarines se retiraron del escenario y comenzamos a armar nuestros equipos. Comenzamos a tocar, y veo que el público eran sólo ancianos y niños.
Unos españoles que se llegaron a asomar rifaron unos anteojos oscuros entre la gente que bailara con nuestra música. Es casi surrealista ver gente bailando sobaqueado a ritmo de Angeles del Infierno...
Tocamos las tres canciones que habíamos practicado y, cuando comenzaba a desconectar mis equipos, me dice Richard: "Y para dónde vas?"
Sorprendido, le digo que esas eran las canciones que habíamos arreglado y que le tocaba al que venía después, y me dice "No hay nadie más, somos sólo nosotros!"
En ese momento comenzamos a ver qué nos sabíamos, de cualquier tipo y/o género de música: Música popular, los Beatles, Silvio Rodríguez, y comenzamos a probar a ver qué podíamos tocar.
Al final de la tocada, los ex-Simetra comenzaron a tocar las canciones que recordaban, cosa que no simpatizó a Carlos Alexis porque dejaba de un lado al resto del grupo, además de roces existentes en las prácticas al respecto.
Desmoralizados por tan "brillante" presentación, fue la primera y última vez que tocamos como Raza Oculta.
Mi familia goza de la música. Mi abuela era pianista profesional, mi padre fanático de la música clásica, y mi madre... con muy buena voz, pero nunca progresó en ningún instrumento. Con estos antecedentes, puedo decir que sí tuve una formación cercana a la música, aunque nunca tan inmersa como la de Carlos Alexis.
Rockeros ambos, con gustos muy similares en la música, escuchábamos cualquier grupo que cayera en nuestras manos, y comenzó la inquietud de formar un grupo.
Junto con nuestros amigos, rockeros todos, fuimos pasando a ser parte del mismo grupo de parias sociales, discutiendo y analizando distintos temas, en una época especial de la historia de Nicaragua, después de 30 años de guerras y un derrumbe económico y social gradual.
En este ambiente formamos el primer grupo juntos, Raza Oculta. El nombre fue acuñado por Manuel Gómez, bohemio insigne y otras cosas más, describiendo cómo los rockeros somos un grupo especial, moviéndonos en las sombras, observadores y actores a la vez.
Carlos Alexis conoció a Richard Loza, quien acababa de terminar su Servicio Militar, y quien tenía a disposición casi todo el equipo necesario para un grupo... aunque de pésima calidad.
Los equipos de Richard eran del ejército, quienes se los prestaron con la condición que participara en sus eventos, cosa que jamás ocurrió, entre que no duramos lo suficiente y los equipos tampoco.
Aclaro, los equipos eran de fabricación soviética y con una calidad de manufactura muy pobre. Qué puedo decir? Los amplificadores eran de 22ov y sonaban menos que mi loncherita de 10 Watt, la guitarra y bajo no usaban el plug standard mono de 1/4" sino más bien una entrada DIN de 4 pines, los soportes de la batería estaban hechos de un hierro de muy baja calidad, los platos de bronce maleable, los pergaminos de los tambores de plástico tostado... creo que se pueden hacer a la idea.
Richard es un excelente intérprete de música de la Nueva Trova Cubana, y siempre se presentó como solista en cada evento que tenía oportunidad. Tenía toda una antología de temas, un block donde cada canción tenía el nombre de una mujer a quien amó o quiso amar.
Yo recién había heredado una guitarra eléctrica Guya Tone, perteneciente a mi tío Jaime, quien abandonó Nicaragua en 1983 y la dejó guardada en Diriamba donde su suegro. También había conseguido comprar un amplificador Peavey Bandit 65 (aún lo tengo), y recién descubría la existencia de los pedales. Mis padres, con un gran sacrificio, me compraron un Overdrive Yamaha, cables y cuerdas.
No sabía tocar nada en una eléctrica, había recibido clases de guitarra popular y algo de guitarra clásica por parte de Rodolfo Sánchez, un vecino argentino que daba clases a domicilio.
Buscando gente con quién tocar, Carlos Alexis contactó a Mario Guillén y Eloy Canifrú, ambos ex-integrantes de Simetra, uno de los primeros intentos de grupo de rock de los 80 en Nicaragua. Mario fue guitarrista de Simetra, y entró al bajo. Eloy fue y siguió siendo el baterista.
Alejandro Mejía, primo hermano de Carlos Alexis y ex-vocalista de Simetra, entró a cantar junto con Carlos Alexis. Inicialmente, teníamos la idea que Carlos Alexis tocara el teclado, pero el teclado ruso que consiguió Richard jamás lo logramos hacer funcionar, y él tampoco se sentía a gusto con el instrumento.
Refugiado del grupo Crisis de Alex Bolaños, entró también Larry Mulligan a la guitarra.
Ya éramos 3 guitarristas: Uno de ellos con excelente habilidad en la acústica, y dos neófitos en todo.
Comenzamos a practicar donde podíamos, donde nos aguantaran, y sin tener la menor habilidad para tocar. Podríamos decir que nos corrieron de todas y cada una de nuestras casas, hasta que terminamos practicando en el taller de metales del padre de Mario. Ahí practicamos hasta la disolución del grupo.
En ese tiempo, comenzamos a montar temas de Angeles del Infierno, Distorsión, y cualquier idea loca que se nos viniera a la cabeza.
La constante frustración del mal funcionamiento de los equipos, la eterna falta de dinero y transporte, y las diferencias sobre qué material tocar comenzaron a hacer mella en el grupo. Nunca había plata para reparar un equipo, transporte para ir a practicar con los equipos, en el taller nos dañaron más aún los equipos, etc.
Para practicar nos subíamos en los buses o nos íbamos "al raid" desde nuestras casas hasta el taller, ubicado en Monseñor Lezcano. Puedo decir que entonces Managua era más segura y nunca sufrimos intentos de asalto, afortunadamente.
En este tiempo comenzó mi experiencia real dentro de un grupo, y a formarme una idea de lo que debería ser y de lo que éramos en realidad. Un grupo debe orientarse a un mismo objetivo, pero teníamos intereses tan encontrados en el grupo, que comenzaron las habladurías detrás de cada uno, sospechas y paranoias, malestares, discusiones, etc.
Problemas como daños a los equipos de los que nadie se hacía responsable, frustraciones por la falta de habilidad de algunos de nosotros, intereses sobre figureo incluso. Todo esto provocó un desgaste en los ánimos.
Después de algunos cansados meses, Richard llegó con la invitación a participar en un concierto a beneficio de unos refugiados salvadoreños en la iglesia de Monseñor Lezcano.
Al evento llegamos tarde, se suponía que iba a comenzar a las 6, pero eran las 7.30 y no había comenzado. Comenzamos a bajar los equipos y un grupo de jóvenes encendieron una grabadora y empezaron a bailar Break Dance en el improvisado escenario.
Richard nos dice "Después de ellos, vamos nosotros!"
Después de dos canciones, los bailarines se retiraron del escenario y comenzamos a armar nuestros equipos. Comenzamos a tocar, y veo que el público eran sólo ancianos y niños.
Unos españoles que se llegaron a asomar rifaron unos anteojos oscuros entre la gente que bailara con nuestra música. Es casi surrealista ver gente bailando sobaqueado a ritmo de Angeles del Infierno...
Tocamos las tres canciones que habíamos practicado y, cuando comenzaba a desconectar mis equipos, me dice Richard: "Y para dónde vas?"
Sorprendido, le digo que esas eran las canciones que habíamos arreglado y que le tocaba al que venía después, y me dice "No hay nadie más, somos sólo nosotros!"
En ese momento comenzamos a ver qué nos sabíamos, de cualquier tipo y/o género de música: Música popular, los Beatles, Silvio Rodríguez, y comenzamos a probar a ver qué podíamos tocar.
Al final de la tocada, los ex-Simetra comenzaron a tocar las canciones que recordaban, cosa que no simpatizó a Carlos Alexis porque dejaba de un lado al resto del grupo, además de roces existentes en las prácticas al respecto.
Desmoralizados por tan "brillante" presentación, fue la primera y última vez que tocamos como Raza Oculta.

